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Trastorno en la alimentación

Aspectos de la conducta alimentaria

En una sociedad como la de hoy, en la que la delgadez esta íntimamente ligada a la belleza, es muy difícil para el medico de atención primaria diferenciar a los individuos con una simple y común preocupación (no necesariamente patológica) por su aspecto físico y de mantener un peso adecuado de los que padecen un verdadero trastorno de la conducta alimentaria.

En las últimas décadas se ha producido un aumento constante de la incidencia de los trastornos de la alimentación en la población prepuber, adolescente, y en la primera parte de la adultez.

A pesar de que existe el prejuicio de que solo se presentan en las clases medias o altas, tanto la anorexia como la bulimia nerviosa o los trastornos alimenticios no específicos, pueden afectar a pacientes de todas clases sociales, siendo las citadas patologías la primer causa de muerte no traumática ( por causa psiquiatrica o endocrina).

Se trata de enfermedades multicausales cuyos factores de riesgo incluyen aspectos:

  1. Biológicos: los factores genéticos, la edad, el peso corporal, el temperamento, etc.
  2. Psicológicos: las conductas tendientes a hacer dieta, la depresión, el bajo control de los impulsos, la tendencia a autoevaluarse negativamente o pobremente, los antecedentes de abuso físico y/o sexual, las actitudes parentales de alta expectativa en cuanto al rendimiento y a la imagen corporal, las funciones familiares alteradas en relación con la autonomía, el antecedente familiar de algunas enfermedades como los trastornos alimentarios, la depresión, el alcoholismo, etc.
  3. Socioculturales: los que están mediados por la influencia cultural que hacen de la delgadez un objetivo y  del buen desempeño, un atributo ético.

A continuación se detallan los síntomas más comunes de los trastornos alimentarios.

Anorexia nerviosa:

  • Rechazo a mantener un peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal según la edad y la talla.
  • Miedo intenso a ganar peso o a engordar, a pesar de tener un peso por debajo del normal.
  • Alteración de la percepción de la imagen corporal, exageración de su importancia en la autoevaluación, negación del peligro que conlleva el bajo peso corporal.
  • En las mujeres pospuberales, presencia de amenorrea (ausencia de, al menos, tres ciclos menstruales consecutivos).

Bulimia nerviosa:

  • Atracones recurrentes. Estos se caracterizan por: La ingesta en un corto periodo y la sensación  de pérdida de control sobre la ingesta alimentaria.
  • Conductas compensatorias inapropiadas de manera repetida con el fin de no ganar peso (provocación del vomito, abuso de laxantes, diuréticos, ayuno y ejercicio excesivo).
  • Los atracones y conductas inapropiadas tienen lugar, como promedio, al menos dos veces a la semana durante un periodo de tres meses.
  • La autoevaluación esta exageradamente influida por el peso y la silueta corporal.

Trastorno de la alimentación no específicos.

  • Individuos que cumplen los criterios diagnósticos tanto para la anorexia como para la bulimia nerviosa pero tienen un peso corporal dentro de los límites  de la normalidad y cuyos atracones tienen una frecuencia menos a dos veces por semana y ocurre en un período menos de seis meses.
  • Conductas compensatorias inapropiadas que ocurren con regularidad luego de ingerir pequeñas cantidades de comida en individuos con peso corporal normal
  • Masticar y expulsar, pero sin tragar, cantidades importantes de comida.
  • Trastorno compulsivo, paciente con atracones recurrentes en ausencia de conducta compensatoria inapropiada típica de la anorexia nerviosa.

Los trastornos de la conducta alimentaria requieren una compresión médica y psicológica, tienen una morbi mortalidad significativa y su tratamiento depende de la realimentación y normalización de las alteraciones metabólicas. Para modificar el curso de la enfermedad estas requieren, a veces, hospitalización y abordaje psicológico.

El manejo de estos pacientes es extremadamente complejo. Hace falta un equipo multidisciplinario (nutricionistas, psiquiatras/psicólogos, enfermeros, etc.) para tratarlos. Esta estrategia ayuda a enfocar las múltiples facetas de estas entidades y a repartir la carga emocional y el agotamiento que significaría  su manejo por parte de un único miembro del equipo de salud.

El abordaje precoz de los trastornos de la alimentación torna al pronóstico más favorable; mientras que una prolongada duración de la enfermedad, un trastorno concomitante de la personalidad y la presencia de una disfunción familiar, lo ensombrecen.

Medicina Familiar y práctica ambulatoria Dr. Rubinstein

Dr. Christian Conti

  

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